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VISITA DE LOS PADRES EN PARAGUAY |
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Un día de gracia y comunión en la Fraternidad San Miguel Arcángel
Areguá, Paraguay, 4 de enero 2026
El 04 de enero vivimos una jornada profunda, en la Fraternidad “San Miguel Arcángel” del Paraguay. Fue un día de gracia, de encuentro y de comunión, donde pudimos experimentar una vez más la presencia viva de Dios que actúa en medio nuestra Comunidad, sanando, reconciliando y renovando la esperanza.
La jornada comenzó con la recepción de las familias, que llegaron para reencontrarse con sus hijos, muchos de ellos después de meses de haber iniciado su camino dentro de la Comunidad recibían la tan anhelada primera visita. Este momento estuvo marcado por abrazos, lágrimas y silencios llenos de sentido. Como Comunidad, fuimos testigos de cómo Dios va obrando lentamente en cada historia, no solo en los jóvenes, sino también en sus familias, que se integran y caminan junto a ellos en este proceso.
Luego nos reunimos para rezar el Santo Rosario, confiando a la intercesión de la Virgen María cada vida, cada herida y cada paso del camino. En la oración común, nos reconocimos como hijos sostenidos por una misma Madre, que acompaña y cuida cada proceso de conversión.
Seguido, escuchamos al Padre Eugenio, quien nos recordó que el camino que se vive en la Comunidad es un camino largo de conversión, que requiere tiempo, paciencia y perseverancia. Sus palabras nos ayudaron a reafirmar que no se trata de soluciones rápidas, sino de un proceso profundo que se sostiene en la fe, la oración y la vida compartida.
Uno de los momentos centrales de la jornada fue la adoración al Santísimo Sacramento. Donde como Comunidad, permanecimos en silencio ante Jesús Eucaristía, presentándole nuestras vidas, nuestras luchas y nuestras esperanzas. Fue un tiempo de profunda gracia, donde muchos de los corazones de jóvenes y familias fueron tocados y fortalecidos por Su Presencia amorosa y sanadora.
Luego compartimos el almuerzo comunitario, un signo concreto de fraternidad y familia, donde la mesa se convirtió en espacio de encuentro y
sencillez.
Más tarde rezamos juntos la Coronilla de la Divina Misericordia, confiando en ese amor infinito de Dios que todo lo perdona y todo lo renueva.
La jornada continuó con la celebración de la Santa Misa, presidida por Monseñor Ricardo Valenzuela, obispo de la ciudad de Caacupé, quien nos acompañó con cercanía pastoral y palabras de aliento. La Eucaristía fue el centro y la fuente de todo lo vivido, donde como Comunidad ofrecimos al Señor cada gracia recibida y cada intención compartida.
Al final del día compartimos una merienda en familia y fuimos testigos del baile de las máscaras, tradicional de la Comunidad, interpretado por los jóvenes de la casa. Este gesto simbólico expresó de manera sencilla y profunda el camino que muchos de nosotros recorremos que implica dejar atrás el pasado y caminar hacia una vida nueva en Cristo, sostenidos por la Comunidad.
Al concluir la jornada, reafirmamos como Comunidad que Dios sigue obrando en silencio, respetando los tiempos de cada persona y haciendo fecundo cada pequeño paso dado con fe. La experiencia vivida nos recordó que la esperanza se construye caminando juntos, acompañándonos y sosteniéndonos en la oración.
Como nos enseñaba Madre Elvira:
“No miren nunca el pasado, miren siempre adelante, porque Dios hace cosas nuevas.”
Esta certeza sigue siendo luz para nuestro caminar comunitario. La Comunidad Cenacolo es más que un lugar: es un camino de vida donde aprendemos a confiar, a esperar y a volver a empezar. Damos gracias a Dios por todas las gracias recibidas y por el legado vivo de la Madre Elvira, que continúa dando frutos de sanación, fe y esperanza.
TESTIMONIO
Me llamo Cristhian Gonzalez, tengo 32 años y soy de Paraguay. Llevo 5 meses en la Comunidad Cenacolo de Paraguay y hoy les comparto mi testimonio sobre el primer encuentro con mi familia. El domingo 4 de enero llegó el día esperado, luego de 5 meses de pensar mucho cómo sería, me emocioné bastante ya que nunca me separé tanto tiempo de mi familia. Mi animo estaba al máximo porque realmente tenía ganas de verlos. Ese día me solicitaron que me encargue de la limpieza de la casa y eso me ayudó bastante porque estaba ansioso y con esa responsabilidad logré encontrar un equilibrio. Al terminar me avisaron que mis familiares ya habían llegado y que me esperaban en el jardín, mi corazón empezó a latir fuerte por la felicidad. Me preparo lo más pronto posible y voy junto a ellos, es muy grata mi sorpresa cuando veo que mi padre está con ellos y eso era algo totalmente impensado para mí, ya que la relación con él no era muy buena y limitada, pero el sentimiento que tengo por él es muy grande. Mis padres se separaron cuando yo tenía 13 años y siempre me faltó su presencia en mi vida. Entonces, mi felicidad al contemplar la familia completa y unida fue la mejor experiencia que pude vivir: puedo decir muchas cosas, pero lo único que habitaba en mi corazón era amor puro y genuino, que me desbordaba hasta las lágrimas. Lágrimas que sanaron muchas heridas de mi corazón y del de mi familia. Hoy doy gracias a Jesús porque por 5 meses me entregué a Él para poder encontrar el camino del amor, de la esperanza y de la fe, y por medio de su amor mi familia encuentra un nuevo rumbo, llenos de esperanza en el perdón, en la comprensión, pero por sobre todo en la fe puesta en Jesús. Gracias a la Comunidad porque encontré la oportunidad de entregarme a Jesús y que su Voluntad sea mi enseñanza de vida, porque aprendí a rezar, a orar, a buscar su presencia en mi vida. Siento con alegría que la Comunidad también es mi familia, que me hizo encontrar un amor puro y genuino y en la presencia de todos mis hermanos pude encontrar un mundo que antes no veía, un mundo lleno de dificultades, luchas y dudas, pero a pesar de eso encuentro a Jesús y eso me empuja a ser la persona de bien que siempre quise ser, un cristiano humilde, justo, simple y honrado que puede servir a los demás y entregarse a la voluntad de Dios. Gracias. Cristian





