Sor Rosangela

 

Agradezco a la Providencia que me ha conducido por este bellísimo camino de luz, porque es así hoy mi vida Consagrada a Jesús. Un camino que cada día me hace ser más auténtica. Encuentro subidas, bellísimos días de sol, caminos refrescantes y voy adelante. He recibido un regalo especial, el coraje, (que no tenía) para dejar a la familia, los amigos, el trabajo, con un pequeño y tembloroso “Aquí estoy, Señor, aunque no sé qué es lo que quieres de mí”, porque en el corazón solo tenía un deseo “estar enamorada”, para toda la vida.  Escuché la catequesis de Madre Elvira que decía: “Si quieren hacer una elección  libre para sus vidas, prueben decir un “sí” abierto, ya sea a la vida matrimonial o a la vida consagrada a Jesús. Él les hará ver dónde está su amor”. No quería perder mi independencia pero descubrí la fuerza grande de abrirme a un “sí”. Luego Jesús entró en mi vida y no perdí mi libertad, más aún, la veo crecer sin límites. Y es el amor de Jesús el que me hace caminar siempre más allá en la vida. Más allá cuando le ato los cordones de las zapatillas a un niño que será hombre. O cuando lo ayudo a hacer la tarea, aprenderá a leer aunque hoy no tenga ganas y pone a prueba mi paciencia. O le pongo las medias a una niña que será mujer y madre. Hoy vivo en Perú, en la misión, los ancianos y los pobres que encuentro son una gran escuela de vida: me enseñan la sabiduría de saber recomenzar siempre y de creer en la vida. Este es el amor de Jesús que calienta mi corazón, me da la libertad de sonreír, saltar, abrazar a la humanidad. En nuestra fraternidad, qué variedad, qué riqueza de experiencias, somos tres hermanas consagradas y vivimos con los niños , los misioneros y una familia.Qué bello es aprender a hacernos amigas entre nosotras, las hermanas que somos todas distintas. “Estar enamorada para toda la vida”, si antes era un deseo, ahora también es un desafío que aprendo a aceptar estando alerta y arriesgando mi corazón: “Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24)

Sor Rosangela