EDNA

Edna boaMe llamo Edna, tengo 20 años y soy de Brasil. Con mucha alegría quiero compartir con ustedes mi testimonio de resurrección.

Provengo de una familia humilde, cuando tenía un año de vida me llevaron a la misión de la Comunidad Cenáculo en San Pablo.

A los 5 años fui transferida a la misión de Bahía, allí recibí mucho amor y comencé a entender el verdadero sentido de tener una familia, igualmente a pesar de las dificultades para adaptarme al nuevo lugar me sentía en familia gracias a los misioneros de la Comunidad.

Mientras crecía como todos los niños comencé a preguntarme donde estaban mis padres biológicos. Cuando descubrí que mi papá estaba preso sentía mucha vergüenza y eso me hizo comenzar a rechazarlo y desacreditar todo lo que él me decía.

Después de algunos años salí de la Comunidad y fui a vivir con una familia "de apoyo", tenía 16 años. Al principio fue muy difícil porque tenía que acostumbrarme al mundo de afuera, pero siempre poniendo en práctica todo lo que había aprendido en la Comunidad. Después de algunos meses comencé a esconderme detrás de las dificultades, inicié a vivir las cosas del mundo, sin darme cuenta de que eso no era para mí. Me dejé llevar por la vanidad, por el vicio de la tecnología, dejé de ir a la Misa y me alejé de Dios.

Agradezco la disponibilidad que recibí de esa familia, porque gracias a ella pude concluir mis estudios. Eso me hizo acercarme a Dios y entré en un grupo de jóvenes que me ayudó a entender que Jesús estaba conmigo independientemente de cualquier dificultad.

Un día, rezando en casa el rosario, sentí en el corazón la llamada misionera pero el miedo de perder las cosas del mundo hizo que rechazara la llamada de Dios. Entonces, comencé los estudios para la universidad, pero lo mismo Jesús no dejaba de hablarme y así pedí permiso para volver a la Comunidad. No fue fácil tomar esa decisión, pero escuché lo que decía mi corazón. Cuando los responsables me dijeron que podía volver sentí mucha paz porque sabía que estaba haciendo la cosa justa. Me quedé pocos meses en la misión y pude aprender mucho con todos ellos.

Recibí el don de abrir la primera casa de chicas en América del Sur, en Argentina. He vivido muy fuerte todo esto porque era la elección que me ayudaría a pasar de la fase de niña de la misión a una mujer. Recibí mucho apoyo de la Comunidad para dar este gran paso. Fui transferida a Mogí das Cruzes superándome para salir de mi misma y donándome a los demás y pude crecer mucho en varias situaciones y confrontándome con todo lo que tendría que pasar.

Finalmente llegó el gran día, estaba muy nerviosa porque sabía lo que me esperaba, por eso no quería planear nada, simplemente quería hacer la voluntad de Dios.

Al principio en Argentina sufrí mucho porque tenía que acostumbrarme a esta nueva realidad, pero me ayudó mi voluntad de querer seguir adelante y llegar a ser una gran mujer, poco a poco comencé a dar pasos y aceptar lo que la Comunidad me proponía.

Ahora estoy creciendo en la amistad verdadera con las chicas, estoy aprendiendo a conocer mis reacciones, a decir mis opiniones y lo que vivo. Haciendo esos pasos me siento mejor conmigo misma, con el paso del tiempo voy manteniendo mi relación con Dios y eso me está ayudando a sanar muchas heridas de mi pasado.

Confieso que en los últimos meses está siendo muy fuerte vivir lo del coronavirus así mismo dentro de la Comunidad. Me preocupo por el mundo y vivo todo esto con Jesús en el corazón. Es un período donde siento mucha unidad en casa, donde rezamos más y creo que todo sea una grande providencia. Agradezco por la presencia del Santísimo Sacramento en casa y por poder rezar por el mundo. Ahora que los amigos no pueden venir, veo como Dios es maravilloso y no nos falta nada de providencia espiritual y material.

Desde ya agradezco a la Comunidad por haber dado sentido a mi vida, a la misión por haberme educado, a Sor Dolores por haber salvado mi vida y a Madre Elvira por su "sí", porque a través de ella hoy puedo estar aquí para: ¡amar, amar, amar y servir!