Esteban

Esteban 3Mi nombre es Esteban, tengo 25 años y estoy contento de compartir con ustedes la misericordia que Dios tuvo conmigo.
Soy de San Luis, una ciudad de Argentina , cuando era pequeño fui criado por mi madre, mi abuela y mis tías con mucho amor y una buena educación cristiana.
Mi madre siempre se empeñó para educarme en la sencillez de lo cotidiano dando valor a las pequeñas cosas de cada día, haciéndome sentir amado con lindos detalles y amando la vida como era, mostrándome que Dios estaba conmigo.

Cuando comencé la escuela me empeñaba en lo que hacía para superar mi tristeza y poco a poco las cosas del mundo empezaron a entrar en mi vida. Comenzaron las preguntas y muchas de ellas sin respuesta. Recuerdo que en la escuela para el día del padre teníamos que ir cada uno con su "papá" y allí nació la primera pregunta para mi madre: "¿Cómo iba a hacer yo, si no tenía papá?, me acuerdo la tristeza de sus ojos y fue allí que entendí nuestra realidad, todo se volvió diferente, comencé a cambiar y sufría por no tener lo que los otros tenían, "una familia estructurada", aunque al mismo tiempo mi madre se esforzó por estar más tiempo conmigo y eso me ayudaba un poco, vivíamos los dos solos y ella trabajaba casi todo el día.
Cuando tenía 8 años, llegando de la escuela vi a mi madre de una manera que nunca había visto, ella tenía una fuerte depresión que me hizo cuidar de ella y de mí mismo, desde pequeño me vi responsable por hacer las cosas que ella hacía y sin entender mucho comenzaba a vivir una realidad más dura de la que ya vivía.

Cuando mi tía vino a buscarnos entendí que el estado de mi madre era grave y esa situación hizo que comenzara a cerrarme y no hablar con nadie. Fuimos a vivir von mi tía y mi abuela, todo parecía volver a ser normal por fuera pero dentro mío la alegría de ser niño se desvanecía.

Mi tía comenzó a cuidarme, poniéndome en una buena escuela y haciéndome sentir de que allí estaba conmigo, pero la falta de un padre y de un hermano seguía siendo algo significativo para mí.
Después de un tiempo mi madre fue mejorando y todo comenzó a ser normal, fue allí que conoció un hombre bueno que cuidó de ella. El tiempo pasó y luego ellos se casaron, ese mismo hombre cuidó también de mí como un padre que siempre soñé, en seguida gané un hermano que me hizo ver que Dios escuchó mi deseo desde niño, pero como no sabía expresar lo que vivía, comencé a escapar con las drogas, escondiéndome y evitando la realidad aunque fuera solo por un momento y eso hizo que mi familia se comenzara a dividir.

Después de unos años me fui hundiendo cada vez más, tuve una hija que me hizo sentir amado y bendecido, pero la droga hizo que no le diera atención a ella y continuara a hundirme cada vez más, llegando al punto de perder todo, incluso mi libertad. Haciendo con mi hija lo que mi padre hizo conmigo.

Después de un tiempo, hundido en la tristeza y creyendo que ya no tenía valor mi vida, apareció la mano firme de mi tía Natalia presentándome la Comunidad y diciéndome que no estaba todo perdido, que había una luz en mi vida y ella lo creía.
Entonces fui a conocer la Comunidad en Pilar -Argentina y al entrar la primera cosa que me tocó fue la alegría en los ojos de los jóvenes y la felicidad en la vida simple. Entré con la mentalidad de quedarme solo tres meses y volver con mi familia, pero el amor y los pequeños detalles de mi "ángel custodio" hicieron que me comenzara a gustar esta vida.

Descubrí mis heridas, debilidades y dones que Dios me ha dado y así comencé a gustar de mi vida. En esa casa estuve un año y medio, en ese tiempo descubrí que tenía un corazón capaz de amar pero aún no sabía cómo usarlo. Luego fui transferido a Jaú, allí aprendí a amar viendo el rostro de un padre responsable "Antonio", abrí mi corazón con él y de verdad empecé a confiar en la Comunidad. Luego de dos años allí, haciendo de "ángel custodio" y creciendo en las responsabilidades conseguí hacer buenas amistades y sanar mis heridas.

Actualmente vivo en la fraternidad "Santa Teresita", siento alegría en el llevar la luz, a pesar de mis errores, agradezco a Dios y a la Comunidad que confían en mí, en lo que soy. Puedo ser feliz con las pequeñas cosas y aún más cuando consigo ser libre en la verdad y transparente sin sentirme juzgado, sabiendo que la misericordia de Dios fue lo que me trajo aquí. Si Dios me permite sufrir es para sanarme y guiarme día tras día, para que aumente mi confianza en El y sea cada vez más feliz.
En cada visita que reciben los jóvenes veo el poder que Dios tiene para hacer nueva todas las cosas.

Agradezco a Dios que a través de la Comunidad me mostró su amor para conmigo y me ha hecho un hombre nuevo, con mis defectos pero feliz de vivir.
Gracias también a Madre Elvira por su coraje sin límites, por su amor hacia nosotros y por su sí a Dios que ha permitido un nuevo rumbo a nuestras vidas!