Nicoletta

Nicoletta 2 Mi nombre es Nicoletta, soy de Paraguay, tengo26 años, y con gran alegría les comparto mi camino de resurrección.

Vengo de una familia cristiana, la separación de mis padres que viví cuando era pequeña, me marcó mucho, la falta de mi padre creó en mí una gran herida de abandono. Después comencé a buscar el amor en todas partes y vivir una vida solo de apariencia, todo esto me llevó a tener problemas alimentarios, y a terminar en el mundo de las drogas, casi como un juego... Ya no trabajaba y me escondía en mi habitación. En el momento en que no veía más la esperanza y me sentía muerta, mis padres se enteraron de mi situación, comenzaron a buscar un lugar para mi rehabilitación. Cuando mi madre encontró la Comunidad Cenaculo hizo todo para que yo decidiera entrar. Era una chica sin esperanzas, ya había pasado por psicólogos, psiquiatras y continué siendo la misma o peor.

Entré en la comunidad en Medjugore. Bosnia-Herzegovina. Al principio era muy difícil por el idioma, la cultura, el tiempo, el ambiente. Todo era diferente de donde vivía, las chicas que me acogieron, me hicieron sentir como en casa, en ese momento me despedí de mi madre y de mi tía, que me acompañaban en el viaje. He hecho muchos pasos de sanación junto a María, me liberé mucho físicamente, desintoxicándome de las drogas.
Con la ayuda de las chicas, pude ver la esperanza que había perdido, me ayudaron mucho en tiempos de crisis cuando quería escapar de la realidad. No podía acoger donde estaba y quién era yo. Quedarme allá me ayudó mucho a caminar. El hecho de estar lejos, no me permitía más hacer aquello que yo quería, como siempre. Estando en Medjugore vi todo lo que Dios hacía para mí, que era más grande de lo que yo pensaba, rezar el rosario, trabajar, compartir, me ayudó mucho. Cada vez que ya no aguantaba más pedía a María que me ayude, y ella hacia todo, ahí vi mis primeros pasos de conversión.

Me quedé 1 año y 2 meses, después me transfirieron a Italia por algunos meses, y allá sufrí mucho, todo era diferente de nuevo, todo lo que aprendí en Medjugore y las amistades que dejé allá. En el momento en que ya no podía más, confiando solo en el Señor, me transfirieron a Argentina, para abrir la primera casa de mujeres en Latinoamérica, donde estoy ahora. Antes de llegar aquí fui a mi casa, era muy fuerte, por los recuerdos de mi vida en las tinieblas. Estar en casa fue una gran providencia para mí, para darme cuenta de todos los pasos y las verdades que todavía tenía que decirme. Entonces volver para el lugar donde me drogaba, me ayudó a decidir que debo seguir haciendo pasos en la comunidad, también me ayudo a hacer pasos con mi madre, pedir perdón y reconciliarme con mi familia.

Cuando llegué en Argentina, no entendía muchas cosas, hablando con la responsable y con las hermanas me puse de rodillas y le pedí al Señor que me ayude a entender lo que quiere de mí. Poco a poco veo la luz que entra en mí, veo quién soy, lo que necesito, lo que debo hacer para estar bien conmigo misma y lo que nunca tuve, la paz en mi corazón. Antes no tenía nada, hoy estoy llena de las pequeñas cosas. Así que estoy caminando en esta gran misión, saliendo de mí misma, superándome todos los días y luchando. Hoy sí me siento feliz de estar dando pasos en mi vida, hoy yo decido hacerlos.
Estoy feliz de ser parte de esta gran familia.

Doy gracias a Madre Elvira, que creó todo esto confiando en Dios, y ella me enseña a confiar en Su voluntad, doy gracias a la Comunidad, que siempre piensa en mí, incluso cuando parecía no tener solución, me acoge y me educa todos los días para elegir el bien. Finalmente vivo mi vida con una sonrisa en la cara. Gracias!